Municipio Cedeño

 

 

Evolución del nombre: Desde 1865 a 1892, Bermúdez; de 1892 a 1964 Anzoátegui; desde 1964 a hoy, Cedeño.

Significado del nombre: En honor a Manuel Cedeño, “El bravo de los bravos de Colombia”; héroe de la independencia.

Ubicación: Oeste del estado Monagas. 

Límites: Norte: Municipio Acosta.

Sur: Municipios Ezequiel Zamora y Maturín.

Este: Municipios Piar y Maturín.

Oeste: estado Aanzoátegui.

Situación geográfica: 63º28’ – 64º03’ Long. Oeste

09º33’ – 10º05’ Lat. Norte.

Capital: Caicara.

Alcalde: Pedro Emilio Briceño Torrealba

Escudo:

 

 

 

 

 

Fundación: 20 de abril 1731 por Fray Ambrosio de Blesa.

Superficie: 1855 Km2.

Porcentaje de la superficie del estado: 6,42%.

Población: 27.849 habitantes.

Porcentaje de la población del Estado: 3,91%.

Densidad de población: 15.04 habitantes/Km2.

División Territorial: Tres Parroquias: Areo, San Félix y Parroquia Viento Fresco.

Clima: Megatérmico o cálido sub-húmedo, presentando además, temperaturas promedio anual de 26,0°.

Pluviometría: Tiene una precipitación promedio anual de 1.023 mm.

Hidrografía: El río Guarapiche, que comienza en el macizo montañoso del turimiquire, cuyos más importantes son: río Capiricual, río Guatatar y río de Oro.

Altitud: 200 m.s.n.m.

Relieve: Las unidades fisiográficas características de es te municipio son el paisaje de Montaña, Mesa de piedemonte y Mesa llana.

Suelos: Suelos de altiplanicies (Mesa), son suelos lixiviados de baja fertilidad.

Vegetación: Bosque Seco Tropical, siendo representantes arbóreos de esta zona de vida el Araguaney (Tabebuia Chrysanta), indio desnudo (Bursera simaruba), tiamo (Acacia glomerosa), siete capas (Machaerium robiniaefolium), alatrique (Cordia sp) y hueso pescado (Pithecellobium lanceolatum), esta vegetación está asociada con vegetación típica de sabana: chaparros (Curatella americana), alcornoque (Bowdichia virgilioides). Bosques de galería con samanes (Samanea saman), bucares (Eritrina glauca), guamo (Inga sp), caoba (Swictenia macrophylla), jobo la india (Spondias mombin), algarrobo (Hymenaea courbaril)

Primitivos habitantes: Aborígenes chaima. 

Economía: Agricultura vegetal: Cereales (Maíz, Sorgo); Hortalizas; tabaco; frutales (Mango, Lechosa; Parchita, Lima Persa); musáceas (plátano, cambur); algodón; soya.

•      Agricultura animal: Ganadería de doble propósito.

•      Avícola (Pollos de engorde); apícola, ovejas.

•      Industrial: Agroindustria (PYME); Recursos mineros (caliza); gas.

•      Turismo: Agroturismo; folklore. 

Atractivos turísticos: Balnearios: ríos de aguas límpidas en bellos escenarios como el famoso Maraquero, El cementerio, El limón, El caracol, Las canoas, La bajada de Santo Domingo y La represa del río Guarapiche.

Patrimonios: Ruinas de la iglesia colonial de San Félix, El balcón de los Morales, Monumento al Mono, Alegoría al mono.

Gastronomía: Sancocho de guaraguara, Sancocho de chícharo con pescado salado, carne salada sancochada con arepas peladas, cuajado de cachicamo, Sancocho de frijoles con carne salada, cachapas con queso de mano, carne en vara con cazabe. Turrones de cocos, jalea de guayabas, mermelada de guayabas, turrón de piña, dulce de lechosa, dulce de jobo.

Música: Mare-mare, Matachí, galerón, estribillo, aguinaldos, joropo, Marisela.

Músicos: Jacinto Guevara, Gustavo Guevara, Rubén Malavé, Luis Guzmán, Luis Beltrán Vásquez, Carlos Flores, Jesús Leonett, Pablo Torres, Luis Rivas, Robinson Domínguez, Fabricio Bravo, Néstor Gallardo, Samuel Ortiz y Luis Alfredo Vásquez.

Cantantes: Pablo Emilio Rondón, José Ángel Figuera, Jhonatán Torres, Carlos Guevara, Gregory Rivas.

Danzas y bailes: El baile del mono, La marisela, El matachí.

 

EL MONO

 

El escenario

El nombre Caycuara, de origen caribe, sugiere algo así como tierra o sitio de quebradas o de casimbas. Caycuara, sitio de las casimbas.

Lo fértil de las tierras, a pesar de estar enclavadas en pleno corazón de la llanura, hizo, desde un comienzo, que la fundación prosperara y aumentaran vertiginosamente sus caudales. La abundancia de aguas hizo generosos los labrantíos y abundaron las cosechas; los interminables pastizales acogieron dadivosos a los primeros animales que se hicieron incuantificables rebaños; lo abierto de la tierra hacia todos los caminos la hizo heredad de todos, convirtiéndose en lugar de convergencia, de esfuerzos, voluntades, querencias y trabajo, hasta transformarla en lugar obligado en la historia sociopolítica de oriente.

Del raigal indígena chaima quedaron algunas cosas que en pequeña medida se observan todavía: tradiciones, mitos y leyendas; costumbres, artesanía y un buen acervo musical. De esa herencia aborigen Caicara conserva una de las manifestaciones más recias en todo el Estado, el baile de El mono. Consiste en una fiesta de calle, masiva, que no sólo involucra al pueblo caicareño, si no que arrastra a pueblos circundantes y a una enorme muchedumbre venida de los más apartados rincones, por lo menos de oriente, a disfrutarla, cada 28 de diciembre, que es el día exclusivamente determinado para su celebración, la cual nada tiene que ver con lo otro que simboliza dicha fecha, o sea, el Día de los Santos Inocentes.

El baile

La fiesta consiste en lo siguiente: usted llega al pueblo como quiera, vestido de franelita y alpargatas o trajeado de frac y calzado italiano, es igual. Inmediatamente alguien se le acerca esgrimiendo un tubo de pintura de labios y en lo que se despabila un cura le ha pintado un 28 en la frente o en la espalda o  en el pecho; todavía no ha salido de su asombro, cuando se le acerca otra persona y con la mayor sangre fría le embadurna la cara de añil y las ropas de cualquier otra pintura; de sorpresa en sorpresa lo toman por la cintura y lo empujan hasta aferrarlo a la cintura del último de una larguísima cola y desde ese momento usted no puede dejar de moverse o más o menos bailar y de oír o decir continuamente: mono... mono... mono...; o remedar su onomatopeya; y así andará movido por la voluntad y el capricho de quienes lo impulsen, y cuando abandone , agotado, no importa, otro entrará por usted; ah, y no se preocupe, que quiera o no, usted volverá a entrar sin saber cómo, y se repetirá la historia, hasta que ese algo interior, irresistible, le diga: ¡basta!.

Es porque ya toca la puerta la total extenuación. 

El génesis de esta fiesta o baile o teatro de calle o comparsa, no están precisados; cada quien fábula a su antojo; quien más, quien menos, infiere y para teorizar niega. Así se dice que es un canto a la fertilidad; una expresión simbólica de las desigualdades económicas manifestadas como protesta social; un rito ancestral. Lo cierto es que la manifestación existe y convoca a la búsqueda investigativa, se supone que en la oralidad, porque, fuentes escritas, por supuesto, no hay.

La oralidad en Caicara es famosa desde tiempos muy remotos. De algunas fuentes oímos una tarde que el origen de El mono es episódico. Se explica de una manera simplísima, como son a veces los génesis de cosas muy importantes. Resulta pues que los monos son los grandes enemigos (o amigos) de los maizales. Sembradío de maíz que empieza a colorear barbas es invitación abierta a los convites de los monos y eso se prolonga hasta que el maíz está sarataco; pero ya para entonces el conuco está gravemente diezmado, porque son manadas, hordas de monos que comen y cargan mazorcas en persogos. Los indios sufrían, por supuesto, estos destrozos, e igual que el conuquero de hoy, los combatía. Dicen que los indios, además de exterminar a los que podían, capturaban otros y organizaban una especie de fiesta-rito. Bailaban y bebían chicha mientras zarandeaban y azotaban a los monos y los hacían acompañarlos en todo su jolgorio. A los dos o tres días, los animales estaban moribundos, entonces en una especie de procesión los llevaban al río donde eran lanzados. Tal vez era como un escarmiento, una medida amedrentadora para la próxima cosecha. De allí, por supuesto, se heredaron los elementos necesarios para convocar, por lo menos lo alegre o festivo que esta circunstancia ofrecía y con las adecuaciones a los cambios que impone el paso del tiempo. Así ha perdurado hasta hoy.

Pero lo importante es que, vivo y eficazmente completo, El mono ha perdurado a través de las 10 últimas generaciones. En los primeros tiempos era un mono muy doméstico, familiar. Cuando Caicara era un villorrio, se organizaba la festividad de manera familiar. En el patio o frente de una casa, se organizaba el baile. Después el pueblo lo fue asumiendo y comenzó la expansión hacia los barrios, proceso que luego se revirtió y comenzaron los barrios y los lugares aledaños a converger en el centro del poblado. Desde la madrugada del 27 comenzaban a llegar al pueblo comparsas y filas de monos desde todas las calles, barrios y caseríos. Porque con las filas de bailadores de mono venían también disfraces y comparsas: La burriquita, La bicicleta, La mujer preñada, El diablo y muchísimas más. Cada fila de monos traía una letra alusiva a su lugar o a cualquier otra circunstancia. Así llegaban grupos de Punta de Mata, Jusepín, El Gavilán:

 

Allá viene El mono

por El Gavilán,

el mono más viejo (bis 3 veces)

toma lo que dan.

Allá viene El mono

de Punta de Mata,

el mono más loco (bis 3 veces)

baila en una pata.

Allá viene El mono

jugando béisbol,

un mono en primera,

un mono en segunda,

un mono en tercera

y la mona en jon.

 

Generalmente las filas de monos eran comandados por mujeres. Se ataviaban vistosamente, con un enorme 28 en el pecho y una peinilla de madera o un látigo en la mano. Se recuerdan mujeres aguerridas en esta faena: Elba Guevara, Margarita Salas, Las Santaella, y todas las Reyes.

Esta fiesta colectiva va aunando más y más gentes a cada instante:

Allá viene El mono,

viene de El Macal,

el mono más flojo (bis 3 veces)

tiene que bailar.

Allá viene El mono

desde Jusepín,

el mono más triste (bis 3 veces)

toca su violín.

Allá viene El mono,

viene de Manresa,

al mono más gordo (bis 3 veces)

la panza le pesa.

En esos lejanos momentos era una festividad respetable; toda una institución. Era el pueblo todo hecho un solo fervor. El inolvidable Pedro Arcila creador de Los morochos; Tojolito, el caso de ingenio más descacharrante que se pueda imaginar: una burra con pantaletas y sostén; con una palanca en el trasero y un volante de automóvil colocado en una horqueta sujeta a su pescuezo; La mujer preñada con dos barrigas (una por delante y otra por detrás) que hacia Chungo Loreto. Sebastián Baquero, el que iba de casa en casa con la perola de añil pintándole la cara a todo el mundo. Recientemente se le develó un retrato a este recordado personaje en la Casa de Cultura de Caicara. Así llegaban las comparsas y disfraces desde Macuare, Las Flores, Voladero, San Juan, Viento Fresco, Areo, Rangel, Los Pozos, Los Zanjones, Caicarita, La Meseta. Y era un sólo sonar de cachos cuando Agapito Múcura se aparecía desde Los Tres Cerritos y detrás venían las gentes de Bajo Grande, La Tigra, La Quebrada, El Chispero y La Laguna de El Yaque. 

Y un personaje grande para la Caicara de siempre, Pedro Manuel Ramos, “Garibaldo”, el personificador de Mano e plomo, un traje de piel de tigre y un derroche de arte histriónico.

Hombres serísimos y responsables de la reciedumbre del gentilicio, fueron moneros enfervorizados: Toño Guzmán, Antonio Urbina, Jorge Taylor, José Pérez, Liébano y Ventura Sifontes y Dimas Montaño. Siempre lo bailaron hasta la extenuación:

 

Allá viene El mono

desde Guarapiche,

el mono más viejo (bis 3 veces)

tiene su trapiche.

Allá viene El mono

pasando el zanjón,

el mono más viejo (bis 3 veces)

se llama Ramón.

Un ganadero regala una novilla; una cuadrilla de monos multa a otro criador con una ternera; alguien trae unas cuentas de cazabe; otros unos barriles de ron, y en cualquier esquina, en la plaza, en un solar, se come y se sigue bebiendo durante todo ese día y esa noche inmensos.

Entran Chacaracual, Canaguaima, Guarapiche, San Félix, Los Cardones y Guatatar, conducidos por El Mocho Torrealba, de inolvidable presencia en los recuerdos moneros. Y los versos acusan el acontecer:

Allá viene El mono

pegando brinquitos,

el mono más viejo (bis 3 veces)

cuida a su monito.

Aquí viene El mono

clava su bandera,

el mono más flaco (bis 3 veces)

come su ternera.

Este mono tiene

lo que casi nadie,

un montón de gente (bis 3 veces)

que cante de balde.

Como todo en la vida es cíclico, El mono también lo ha sido.

Después de este esplendor vino una bajada. El éxodo de caicareños en busca de nuevos destinos para ellos y sus hijos cuando ya el pueblo les empezaba a ser pequeño; la asunción de otras costumbres al afrontar necesidades más urgentes, obligó a un repliegue; pero, ya sobre los años sesenta, surge con nuevos impulsos guiado por el entusiasmo y logra casi la significación de aquel ayer. Descuellan allí Luis Febres, Pedro Luces, Jesús María Gómez, José Camauta, José María Ledezma, Chilo Rojas, Miguel Serrano, Ramón López, Jesús Romero, José Rocca (quien más tarde esculpiría un gigantesco mono que hoy luce como símbolo imponente de la cultura monesca de siempre), Miguel Figuera, Aníbal Velásquez, Alberto Guevara y Diógenes Bermúdez:

Allá viene El mono

saltando en la vara,

el mono de adelante (bis 3 veces )

es Chucho Guevara.

Dicen que los monos

no saben querer,

el mono más chico (bis 3 veces)

quiere a su mujer.

Allá viene El mono

cortando bejuco,

el mono más viejo (bis 3 veces)

se llama Perucho.

Agotado el día. Exhaustos todos. Terminado el aguardiente, la voz, y satisfecha, por ahora, la enorme necesidad de la presencia, muere El mono, como en el cuento aborigen, y en un simulacro, van a enterrar un mono de utilería:

Se llevan al mono

lo llevan muy serio,

un mono llorando,

un mono en camilla,

un mono muy triste

para el cementerio.

Pobrecito El mono

como se murió,

el rompe camisas (bis 3 veces)

fue quien lo mató.

Hoy El mono convoca multitudes. Acuden a Caicara gentes de muchas partes a disfrutar un día distinto, de colorido, aguardiente, ruidos, movimientos, muchedumbre. Largas filas humanas ahora guiadas por una unidad móvil con un estridente mono grabado en un casette, sin historia, sin anécdotas. La tecnología, la televisión, las miniteckas, los equipos de sonido y la vertiginosidad como se sucede la vida, han ido mermando las fuerzas del viejo mono, que de no ser porque se decidan estrategias de recuperación, corre el serio peligro de las especies en vías de extinción.

La música

El mono se debate también en la incertidumbre: que es un mare-mare, que es una marisela; que el mare-mare llegó antes que El mono traído por unos indios caribes, y demás. Lo cierto es que La marisela es también una hermosa expresión del folclor caicareño; una bella música para cualquier letra que se monte en octosílabos. Veamos esta reseñada por Jesús Guevara Febres, sin anotar fuentes, en su obra Tras las huellas de El mono:

¡Qué linda está Marisela

tan bonita y tan preciosa,

quién te pudiera poner

una perla en cada diente

que alumbre de sur a norte

y de naciente a poniente!

Tantas muchachas bonitas

que me pasan por delante,

ojalá se convirtieran .

en gallinas complacientes

y yo en gatico cervantes.

Ahí te zumbo mi pañuelo,

en cada punto un botón

y en el medio, en una mancha

sangre de mi corazón.

Bueno, General Ledezma,

que le luce su bigote,

si usté tiene hermana hembra

me busca a mi de padrote.

Los instrumentos

Son los mismos utilizados en La culebra de Ipure; cacho, guarumba, ciriaco, maracas, corioco y guarura, en su forma más pura, se entiende, es decir, como debía ser. La realidad es otra: aquí también se impone el sincretismo; al lado del ciriaco está el cuatro; junto a los pitos el tambor y alternando con la guarura y las maracas se oye a veces hasta un bajo, lo que no debe ser.

El mono

Chilo Rojas

Patrimonio Cultural Viviente

 Del libro: Tradiciones escénicas, populares y folclóricas del estado Monagas – Domingo Rogelio León.

 

Literatura: Poesía, narrativa.

Escritores: Jesús María Castillo, Víctor López Maita, José Jesús Morales Espíndola, Miguel Mendoza Barreto, Oswaldo Febres, Domingo Montes Rivas, Francisco Ramírez Torrealba, Jesús Guevara Febres, Elba Guevara Febres, Manuel de Jesús García. 

La loca soledad

Una lengua de chola se restriega en la permanencia, un eco centenario bailotea alocado en los pliegues de su vestido y una sirena pequeñita se escucha cuando la brisa se escabulle entre sus dientes.

Arriba, un ojo de candela vigilándole la inocencia y lamiéndole la puntita de las tetas.

¡¡Mijita, ¿Qué tú vas a hacer en el paso del cementerio a esta hora? Mira que porai anda mucho vagabundo-.

Y ella levanta su estatura mientras el agua le corre entre las piernas.

-Ponte la pantaleta, muchacha, que ya, estás cañoneando!!-

La dulzura de la calle penetrándole los ojos y una torta de cazabe amarillita colgando del cielo le alumbra las tristezas mientras el sueño apetitoso de las aguas fresquecitas le abre camino entre los senos humedeciéndole virgíneos recovecos.

-¡¡Muchacha vagabunda, que eso es pepecado!!-.

Una cadena grande de ojos masculinos distendidos lujuriosamente ante su paso y un borracho le silabea lascivamente apretándole los pezones.

-¿Qué tú hacías en los pocitos, muchacha?  Esta hija de la gran puta, caras-.

Se le salen las lágrimas recostando su soledad a los belicosos resortes de un colchón que se empeña en el insomnio.

-Ya ese vestido no te queda bueno, ¡muchacha, como se te ha desarrollado ese cuerpo!

El agua de la lluvia le sugiere nombres sobre el techo y ella se quita la tristeza desenfundando la esperanza para echarla a correr  por la chorrera que le regaló la lluvia y en un pote de sardina se le fue un sueño por el zanjón.

-Lo viá’ atajá en el puente pa`  que no se vaya-.

El potecito sorbió el infinito, un marinero buenmozo lo guiaba hasta que chocó con una botella de ron y se hundió,  a ella se le metió para siempre la tristeza en al mirada.

-¡Mijita, no salgas de noche, que por ahí anda mucho hombre malo-.

El sol iracundo le mataba los ojos, el Guarapiche la llamaba desnudito enseñándole la lengua y el agua, sabrosita, le abría carreteras en el cuerpo mientras putrefactos calores humanos se acercaban a su ingenuidad.

-Te viá dá pa` que te compres un vestido, mi amor-.

Ella lo mira desnudito y se pierde en los recuerdos del agua fresca mojándole su cuerpo.

-¡No, eso es pecado, me pueden jodé!-.

Las pestilentes manos le escriben rudeza en su inocencia y se le pierde un grito entre empujes masculinos.

-Te doy un bolívar y me lo das-.

Ella, en ese nómada sedentario trajinar, se acostumbró al calor de los hombres en su cuerpo, mientras  las cholas lamían la tierra y el muchachito crecía entre los brazos.

-¿Quién será el pai` de ese muchacho?

Se parece a un indio de Las Parcelas que llaman Felipe Barrios-.

Y le chorrean aguas por los ojos en las noches, mientras mira por la ventana un cielo grandísimo que le reserva una sonrisa.

Miguel Mendoza Barreto.

Del libro: Cuadro o acaso sombra que me habita.

Alegría del humo

El humo de este cigarrillo tiene una opacidad extraña.

Asciende su débil columna hacia la altura,

y de pronto, visto a tras luz da claras tonalidades…

 

Sobre el viejo cenicero se agota débil la columna.

Y todo de pronto es luz, cuando el yesquero

me da su llama roja de pebetero griego…

 

Y es ahora cuando aprecio el negro opalescente de tus ojos

que me miran – manantial de dulzura –

desde el alegre rincón de mi recuerdo…

 

Así, mientras escribo, ya cayendo la tarde lentamente.

Ah! Las tardes, mis tardes, nuestras tardes

salpicadas de gracia por tu leve presencia.

 

Tus manos en mis manos, tus ojos en los míos

-cuatro saetas ágiles-

que el arco del amor lanzaba al infinito…

 

Después de la noche…

La noche interminable de saberle pérdida.

La búsqueda angustiosa del negro opalescente de tus ojos

que me miran –tenue, integral llovizna-

que alguna vez regó el agreste campo de mi alma…

 

En el ocaso, lucha por no mirar un sol muy valeroso.

Hay rojo iridiscente, pálido azul, ocre, amarillo

y un morado tan intenso que parece que se hubiese vertido

Toda la sangre de todas las violetas…

 

La mano no obedece al impulso de abrir el conmutador de Neón.

Todo es sombra ya. Cierro los ojos… Más sombra aún!

Tengo. Miedo a la noche interminable

de saberle pérdida…

 

José Jesús Morales Espíndola

Del libro: Poetas del estado Monagas

 

A mi hijo

 

Una canción de cuna con mis versos

te quisiera escribir, cariño santo,

impregnada de aromas del incienso,

del pedestal de amor que te consagro.

 

Quiso el buen dios, con su bondad divina

mi senda gris descabalar de abrojos,

rasgó los cielos y me dio la vida

en la dulce ternura de tus ojos.

 

Tu vida es mi razón y mi existencia

y tu mundo la meta de mi empeño,

tu llanto, la fuente de mis penas

y tu sonrisa el alma de mis sueños.

 

Cuando mimoso me ofreces tus bracitos

y me llamas con frase incoherente,

miro los astros brillar en tus ojitos

y mi esperanza dibújase en tu frente.

 

Se tiene al mundo cuando se tiene un hijo

como lo canta el bardo en su poema,

se tienen los mil rumbos del camino

y a todos los hijos de la tierra.

 

Compendio de mi amor y mi querencia,

pedacito de luz en mi destino

si como padre te he dado la existencia

tú has sembrado de rosas mi camino.

Víctor López Maita

Del libro: Poetas del Estado Monagas

 

Un sitio que se llama como tú

o como tu boca

quizá

como la piel interior

sitio extraño de tus labios

donde tu nombre

se pronuncia sin miedo

y tu canciones

el himno de la Republica

donde todos te dicen madre

y no tienes esposo conocido

no hay organistas que te cuiden

ni hombres que compriman tu nombre en el bolsillo

un sitio para convertirte en tu propia canción

donde yo seré una esquina cómplice

para ocultarte.

 

Miguel Mendoza Barreto.

Del libro: Bajo El Neón.

 

Ayer la vi

 

Ayer la vi, era la misma de antes,

los mismos ojos claros

que fueron espejos de los míos;

los mismos labios,

la misma curva bizarra de la pierna,

la misma mano alada…

Toda igual.

 

Y de pronto, soltó el recuerdo

el hilo viejo del carretel roído,

latió violento el corazón cansado,

con su carga de sueños imposibles

de veinte años atrás!...

 

Era la misma de antes.

y que distinto yo,

visto en el vidrio de mi propio espejo.

La frente que fue tersa

Surcada ahora por caminos insondables.

El alma niña que soñó horizontes

hecha girón de un cielo que no existe…

 

Ayer la vi. Era la misma de antes.

 

Y vive el corazón,

late tranquilo, entre este vaho hondo

de humo, de alcohol,

de insomnio, de neblina,

como latió violento un día

de veinte años atrás…

La quieres todavía?

-Pregunta ingenuo el corazón cansado-

y una arteria hipertrófica responde:

Ese es un lago que fluye con mi rio…

 

José Jesús Morales Espíndola

Del libro: Poetas del Estado Monagas

  

La reja de sus cabellos.

 

En su río de hermosura

tire mi tímido anzuelo

y de tanto amar sus ojos

me fui quedando si ellos…

entonces, como un perdido,

amarrado en su silencio

le arrojé con mi cariño

mi malla de sentimientos…

-que rozó con sus pupilas

y se enredó en sus cabellos-

(Me amarro en sus lindos ojos

como un caballo cerrero)

 

-Y me rendí en sus pupilas

y me enredé en sus cabellos-

como un niño taciturno,

como un gallo sin luceros,

de cazador de imposibles

me convertí en prisionero

¡prisionero de sus ojos

y de sus lindos cabellos!.

- Sus cejas eran guardianes,

su cariño, el carcelero-

su boca me ha condenado

a amarla siempre en silencio,

poco a poco me fue dando

con un enjambre de versos,

su cariño empalagoso

que me libró de mi encierro

y me puso entre su vida

LA REJA DE SUS CABELLOS.

  

Oswaldo Febres G.

Del libro: Poetas del estado Monagas.

 

Intranquilidad.

 

Ven, tristeza hacia a mí, que yo te anhelo

en esta soledad dulce y sombría

do envuelve el pensamiento el  tenue velo

del recuerdo feliz de otros días.

 

Dulce tranquilidad,  vuelve  a mi lado

cual ave que amorosa vuelve al nido!

mi espíritu se encuentra fatigado,

mi pobre corazón está rendido.

 

Me acaricias, voluble y ya te alejas

inconstante y fugaz como es el viento;

bien sabes que te quiero y ¡ay! me dejas

en el terrible afán de mi tormento.

 

Que penosas y largas estas horas

de peregrinación del alma mía¡

he mirado pasar muchas auroras

y sigue sin embargo mi agonía…!

 

Me asilo en la esperanza lisonjera

en tanto que recuerdo lo pasado…

¡Oh! hermana soledad, fiel compañera,

consuelo en mi luchar desesperado.

Domingo Montes Rivas.

Del libro: Poetas del estado Monagas.

El Garzón

Tributo de cariño a mi amigo Dr. A. López Rondon,

                                                                                      Incansable luchador contra las

                                                                                          Enfermedades vernáculas.

 

Gigantesca zancuda voladora,

eterna visitante de los llanos,

y turista de todos los veranos

a los parajes donde el pez demora.

 

Es hábil estratega, cual ninguna.

En la dunosa playa: -el batallón

tendido en la fila – inicia la invasión

que a tardo paso asalta la laguna.

 

Por entre sucias aguas va adentrando

y con el largo pico embarbascando

al remover el nauseabundo barro.

 

Pernocta en el estero la guerrilla

a la que el vulgo nombra por “Golilla”,

“Sucio”, “Pionío”, “Gabán”, “Soldado” y “Tarro”.

 

Francisco Ramírez Torrealba.

Del libro: Poetas del estado Monagas

  

Carlos Manuel Piar

 

Tu carrera esta plena de pasajes de gloria

y tu fama se extiende de los siglos al fin,

tu solo nombre llena los fastos de la Historia

así lo preconizan Juncal y Maturín.

 

Sublime en estrategia, pasmante en el valor,

te hiciste temerario por tomar a Angostura;

dos veces con empeño llegaste hasta el furor

con gestos inconscientes, rayanos en locura.

 

Y viéndote impotente te internas en Guayana,

La Torre te persigue con sus huestas hispanas

y Chirica es el bronce de tu capa triunfal.

 

Que a la patria le ensancha de su triunfo el camino,

en tanto que la insidia de algún rival mezquino…

labora porque mueras al pie de Catedral.

 

Francisco Ramírez Torrealba.

Del libro: Poetas del estado Monagas.

  

Volaban alto, alto y no sabían!...

 

                                                       A la memoria de los veintisiete estudiante de los

                                                                    Colegios “San José” y “San Francisco 

Javier” de Mérida,  muertos en la tragedia

 aérea da Monte Carmelo el 15 de diciembre 1950

 

Volaban alto, alto y no sabían!...

que la guadaña injusta les seguía.

Volaban por los Andes, el páramo sombrío

de luto se vestía, de llanto se cubría;

Monte Carmelo cierto la muerte presentía.

 

Un quince de diciembre, retorno sin retorno;

la emeritense urbe atrás quedaba triste...

El colegio cerrado. La página tirada...

La mañana sin lirio. La alcoba sin su cirio:

El viento conmovido. La vida flagelada.

 

Oh, la muerte. La muerte en el rosal temprano...

Y eran veintisiete; clarificadas, ah, tienen vida;

pasaron levemente la partida :

Pero están con nosotros su perfume, su aliento,

la Cruz de su martirio, la sangre de su herida !...

 

Jesús María Castillo

Del libro: Poetas del estado Monagas.

 

Poema de la voz ausente

Tu voz tenía ese algo

de lo sublime en la garganta triste...

 

Cuando hablabas tu voz era mi canto;

si miraba tu rostro terso y blanco;

si clavaba mis ojos

en aquellas tus pupilas,

serenas, melancólicas,

lo hermoso, lo puro, lo indecible

de tu alma, la mujer adivinaba.

 

Sublime conjunción

la de tu alma con tu voz:

del efluvio sin par de su hermosura

hablaba al corazón.

 

Cuando lo triste tiene su hermosura,

es la tristeza: luz, amor,

es poesía: Cómo era tu voz!

 

Ausente está tu voz…

Ausente está tu canto…

 

En la ausencia infinita

tras los días que pasan,

tu voz está en mi voz;

lo puro, lo insondable

de su eterna canción,

es eco perenne de mi inspiración…

                                                                                                    (Inédito)

 

Jesús María Castillo

Del libro: Poetas del estado Monagas.

  

La paraulata

Tenía una noble misión que ella misma eligió, debía despertar al día, antes de esconderse la madru­gada y eso hacía con devota puntualidad; sobre un camoruco con hojas de paraguas, sobre los cables de la luz, sobre una antena de televisión o sobre una conversación dormida de la noche anterior. No im­portaba el escenario, ni la lluvia pertinaz, siempre cumplía, llamando a la escuela a todo el alegre porve­nir, llamando al trabajo y a la rutina a toda la gente de la urbanización. Ella era feliz y los usuarios también.

Era una paraulata llanera de costumbres urba­nas, vivía aquí mismo, en su sabana inmensa donde nació, entre chaparros y alcornoques, entre brisas y manantiales, con una flauta en cada rama y una rama en cada ocasión, para cantarle a la mañana, en el sol de su hermosura, para cantarle al lucero del día, cada vez que se despedía y para cantarle a la noche niña, en los pininos del silencio.

Un día vinieron muchos hombres, con carros y maquinarias, con ilusiones y necesidades, con ruido y alevosía. Sus plantas terribles hicieron caminos pro­fundos en la llanura y rompieron los valles y bajaron las montañas y escasearon las aguas en su sed deses­perada. Cada surco pasó por la sabana, cada grito entró en las entrañas del tranquilo acontecer; enton­ces el pueblo cercano, de referencia aprendido, cre­ció con vértigo de fenómeno improvisado, se tragó la sabana y se fue más allá por la orilla del río. Ella no quiso irse con el horizonte que la invitaba y compar­tió con el hombre su sabana y su chaparro torcido.

Pronto aprendió las costumbres del invasor, supo de la lucha que con el tiempo tenía, supo del esfuerzo que a muchos costaba encontrar el ali­mento y supo también que tenían hijos y que por ellos luchaban y que por ellos lloraban. Allí aprendió a amar a los hombres, porque amaban a sus hijos y ella también tenía y sabía de amor.

Un millar de trinos múltiples, con su prole, en el pueblo extendió, varió las notas y combinó los tonos, para regocijo de todas las almas sensibles.

Ahora hay silencio en el aire y luto en el corazón.

Mi vecino de enfrente le atravesó el canto con un balín cinco y media. No recogió el trofeo de su heroica acción, él sólo quiso afinar la puntería.

Jesús A. Guevara

Del libro: Anecdotario folklórico

  

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Para castrar un gato (y me refiero en el medio rural donde no se paga ningún dinero por cirugía); se lo llevan al monte, le amarran los testículos bien pren­sados con un guaral que sujetan a una mata por el extremo libre y le dan un cuerazo, el gato sale como una flecha, pero antes deja su gatía en el guaral.

Este suplicio gatuno se hace en el monte, para que el gato vuelva a la casa; si es en la casa donde se le hace la operación, se va y jamás vuelve porque él no acepta indirectas.

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En algunos pueblos de Lara, hace algunos años y no sé si todavía, tenían en el cementerio un cajón que llamaban "de las ánimas"; cuando en un vecindario moría alguien que no tenía cómo costearse su traje de tablas para el viaje eterno, le hacían una tarimbita de palos y allí lo traían hasta un sitio conocido en las afueras del pueblo, entonces los transportistas u otros comisionados del triste cortejo, iban hasta el cementerio, donde el celador les prestaba "el cajón de las ánimas" y en él completaban el viaje, luego que hacían el hueco y enterraban al vale, devolvían el cajón, que colocaban nuevamente en su sitio, listo para otra emergencia.

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El mato de agua pelea con el cascabel y a cue­razo limpio lo mata, a veces en el fragor del combate, el mato sale corriendo, se revuelca en el suelo y muerde las raíces de un palo, volviendo revitalizado a la pelea. Muchas personas que aseguran haber pre­senciado tales peleas, en vivo y en directo, desde el ring side de algún chaparro, dicen que el mato corre cuando el cascabel lo pica y que las raíces que muerde son un contraveneno.

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El merey parece ser un enemigo potente de los alcohólicos; la gente tiene el miedo hereje a mez­clarlo con ron, hasta se dice y se cree, que si un borracho se queda dormido debajo de una mata de merey, pasa el páramo aclarando. Este último tam­bién es privilegio del tamarindo.

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A los perros les dan papelón y pimienta y los mantienen amarrados, para que se pongan bien bra­vos y puedan cumplir a cabalidad su misión de anti­rrelacionistas públicos.

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La rosa de montaña, esa bella flor roja escondida en el monte, la recogían y usaban en los pueblos venezolanos para regularizar la menstruación, por su­puesto que a las mujeres. Hoy está en el más com­pleto olvido, el ginecólogo la tumbó, además hay mucho pobre con billete.

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El toro parece ser el único macho que brinca a la hembra después de castrado, claro que no la em­preña, pero permite a los ganaderos descubrir las vacas en celo.

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El onotero que en paz descanse, era una bolsita de tela donde echaban el onoto, achote, caituco o como se le llame para colorear la comida; le añadían manteca y lo metían dentro de la comida hirviente, para que desprendiera color. Luego lo guardaban en una tapara, acondicionada especialmente para este uso.

Jesús A. Guevara

Del libro: Anecdotario folklórico

 

Promotores Culturales: Daniel Rodríguez, Rosa Maestre, Argelia Cardiel, José Guevara, César Jiménez, Jesús “chucho” Guevara Febres.

Organizaciones Culturales: Grupos: Garibaldo, Eufrasio Guevara, Sabor a pueblo, Ají dulce, Chupa piedra, Típico Caicara, Nacho Ramón, Vallejo, El zanjón, San Pedro, Canaguaima, Hijos de Caicara, Morichal, El gavilán, El centro, Cuero caliente, Agapita Múcura, Gilberto Rosales, Francisco Reyes, Brisas orientales, Mare-mare, Tradición monera, La yagua.

Mitos y leyendas: El chivato, los duendes, los encantados, las brujas, los aparecidos.

Fechas históricas: 20 de abril de 1731, fundación de Caicara.

20 de marzo de 1894, muere en Areo Juan Febres, capitán de caballería.

02 de marzo de 1718, fundación de San Félix de Cantalicio.

Fiestas Patronales: 02 de febrero, fiesta en honor a La virgen de la Candelaria (Viento Fresco).

01 de agosto, fiesta en honor a San Félix (San Félix).

04 de agosto, fiesta en homenaje a Santo Domingo de Guzmán (Caicara).

05 de agosto, fiesta a Nuestra Señora de los desamparados (Areo).

Fiestas tradicionales: Fiesta del Mono (Caicara, 28 de diciembre),  carnavales (febrero), festividades navideñas (diciembre), año nuevo (01 de enero), Reyes magos (05, 06, 07 enero).

Artistas plásticos: José Guevara, Uber Rivas, Daniel Torres, María Rojas, Martín Oliveros, José García.

Artesanía: Tejeduría, gastronomía, cerámica, labrado en madera.

Artesanos: Marcela Marcano, Celmira Márquez, Rita Guevara, Gloria Castro, Mariela Rodríguez, Mercedes Campos, Neibis Tabata.

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